madretigre

En el baile de fin de curso de mi hija estuve atenta a las familias de sus compañeros chinos. Intentaba encontrar sus miradas (empresa difícil por la cantidad de parafernalia tecnológica que se habían traído para grabar los pasitos de sus nenes). ¿Eran miradas más exigentes? ¿Movían la cabeza al ritmo de la canción reflejando horas de ensayos en casa? No me lo pareció. Estaban sólo extasiados y con la baba como lo estábamos todos.

Amy Chua ha causado un verdadero fenómeno con su libro “Madre tigre, hijos leones”. En él habla con orgullo de la férrea disciplina que inculcan las madres chinas. Es el método que ha usado con sus hijas y se resume bien en estas líneas: “Los compañeros de mis hijas acaban el ensayo diario de piano después de dos horas. En mi casa después de dos horas consideramos que se ha acabado el calentamiento y podemos empezar la lección”.

En algunas grandes ciudades como Nueva York, la competencia entre las madres y la carrera hacia la creación del niño perfecto se han convertido en una verdadera obsesión. Allí, un chiquillo de seis años que no sea bilingüe es analfabeto, a los tres años los nenes deben superar ya exámenes de admisión para entrar en las guarderías. El manifiesto de Amy Chuan es el estandarte de esas familias, que se sienten inferiores respecto a las madres orientales y viven aterrorizadas por esta nueva generación asiática que consigue becas e inunda los mejores colegios.

Sin embargo, un estudio comisionado por IBM demuestra lo contrario. En él se pregunta a 1500 directivos de 60 países la cualidad más importante que debe tener un líder de hoy. Y estos directivos no responden “disciplina” o “dedicación”. Al primer puesto escogen la creatividad. Y para el 81%, la capacidad de innovación es fundamental.

 Porque es cierto que la disciplina es fundamental a la hora de conseguir objetivos. Pero el mundo necesita creadores y emprendedores, no simples ejecutores. Steve Jobs, Zuckerberg, Bezos… los grandes de hoy no presumen de títulos, presumen de ideas. Han triunfado saltándose las reglas, desafiando sus superiores, insistiendo y pataleando.

El futuro no está hecho para los niños perfectos. Los de todo sobresalientes que sólo hablan cuando se les pregunta. Esos niños llegarán al mundo del trabajo y se quedarán sentados. Y serán los otros, aquellos que salieron al patio durante la clase de piano porque querían probar la nieve, los que les digan lo que tienen que hacer.

SHARe iT :)