El experimento marshmallow ha cumplido ya cuarenta años. El estudio más famoso sobre la fuerza de voluntad ha tenido infinidad de imitaciones, como la de este vídeo.

El test original fue realizado por Walter Mischel con niños de cuatro años y era muy simple: al nene se le ofrecía un marshmallow, que podía comer en seguida, o la posibilidad de comer dos si esperaba a que él volviera de un recado quince minutos más tarde. Casi todos los niños dijeron que iban a esperar. Walter les daba otra opción. Si querían, podían tocar una campana y él volvería. Así podrían comerse el dulce (aunque perderían la posibilidad de comerse un segundo). Casi todos dijeron que no hacía falta, esperarían.

Pero claro, ya se sabe. Las chuches y los nenes. La mayoría empezó a tocar la campana 30 segundos después.

Walter lleva cuarenta años estudiando a los mismos niños. El resultado es fascinante. Aquellos que en su día esperaron más han ido mejor en el cole y en el trabajo, tienen más capacidad para superar situaciones de estrés y menos problemas temperamentales y, en general, han tenido más éxito en la vida. Los que esperaron menos de un minuto han tenido numerosas dificultades, en los estudios y en casa.

Analizando bien el comportamiento de cada niño Walter observó que los que más esperaron no se quedaron ahí parados, mirando el dulce con deseo. Inventaron tácticas de distracción (cerraron los ojos, se levantaron y se fueron a otra esquina, cantaron…) para no sucumbir ante el “hot stimulus” (en este caso el marshmallow).

Descubrió así que la clave está en usar la imaginación y la creatividad para pensar en otra cosa. Algo que muchos padres repetimos constantemente a nuestros nenes.

Los niños de ahora viven en un mundo en el que todo es inmediato. Basta un clic y se obtiene un resultado. Y no saben esperar. Sin embargo, la edad adulta está llena de esperas (el trabajo que no aparece, la llamada que no llega…) y si no les enseñamos desde ya a tener paciencia crearemos adultos frustrados y casi siempre insatisfechos.

Un tema recurrente en las familias que visito es “mi hijo lo quiere todo y lo quiere ya”. Inventar juegos y crear tácticas para aplazar las recompensas es algo que todos debemos hacer en casa. Por ejemplo, en esta época del año, un clásico a las peticiones de juguetes de los nenes es “pues escríbelo en la carta a Papá Noel”. Es una idea fantástica pero, ¿qué pasa después de Navidad?

El test marshmallow nos enseña que la creatividad y la voluntad son capacidades fundamentales en la vida. Y acompañar a nuestros niños durante las esperas puede y debe ser un juego fantástico. A veces, cómo nos enseñan los nenes del vídeo, basta cerrar los ojos y cantar. Hagámoslo con ellos.

SHARe iT :)