Intenta imaginar cómo será tu hijo dentro de 20 años. Puede parecer algo fácil y, sin embargo, a casi todos nos cuesta muchísimo.

Se tiende a pensar que el hecho de imaginarnos como será un niño no es muy importante. “Que más da, la vida da muchas vueltas y probablemente acabe haciendo lo que le de la gana”. Sin embargo sí importa. Y mucho. Porque esa visión puede moldear lo feliz, productivo y creativo que será.

Los líderes de las grandes organizaciones, los deportistas de éxito, las personas que logran algo extraordinario… son siempre aquellos que tenían desde el principio una visión clara de dónde querían llegar. Detrás de cada logro hay un plan bien ejecutado. ¿Por qué no tenerlo para educar a nuestros hijos? Tenemos la enorme oportunidad de decidir qué tipo de memorias tendrán, cuales serán sus primeras experiencias, qué conocimientos transmitirles. Somos la máxima influencia para ellos y es simplemente irresponsable no pararse a pensar cómo queremos utilizar esa influencia.

Pero ojo. Si queremos inspirar a nuestros hijos y transmitirles seguridad y autoestima no todas las visiones de futuro son eficaces.

Ante todo tiene que ser una visión que se apoye en los valores de la familia donde el niño crece. Preguntarse cuáles son los principios que se quieren transmitir es la prioridad número uno.

Y después la visión tiene que estar moldeada en base a los intereses y la personalidad de cada niño. Es inútil soñar con que se convierta en médico “como su padre” si la prioridad del niño es dibujar, o imaginarnos a nuestra hija como futura presidente si prefiere trabajar sola y no en equipo. Empujar a los niños a actividades que no casan bien con ellos es un camino hacia la rabia y la frustración y puede ocultar sus verdaderos talentos para siempre.

Observarles y preguntar. Preguntar y observarles. El truco para ayudarles a afrontar un futuro sereno está todo ahí.

SHARe iT :)