Dave Eggers es un escritor maravilloso. Seguro que a muchos de vosotros os encantan sus novelas o sus películas. Pero quizás no sabéis que el genio creativo de Eggers no se limita a escribir; lo que está haciendo por los niños es realmente extraordinario.
Eggers perdió a sus padres con sólo 20 años y tuvo que ocuparse de la educación de su hermano pequeño. Por eso conoció, desde muy temprano, la dramática situación escolar americana. El problema de base es la falta de atención individual, pocos maestros para tantos niños. En cada clase hay mil mundos distintos (disléxicos, inmigrantes, alumnos brillantes…) y los profesores no consiguen adaptarse a todos.

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Dave pensó que podría convencer a sus amigos escritores para que trabajaran de vez en cuando como voluntarios. Pero ¿qué se podía hacer con los niños que no quieren ir al colegio?. En Estados Unidos la cifra de estudiantes que no van a clase es enorme. Inútil tener mil profesores si los nenes no se presentan por la mañana.

¿Cómo se puede convencer a un niño de que no hay nada mejor que sentarse con un profesor y aprender?

Dave ha encontrado la respuesta creando el proyecto Valencia:

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Imaginemos por un momento que somos un pirata.

Alguien tiene que vendernos ciertas cosas indispensables: un parche de ojos, una pierna de madera, un garfio, pastillas contra la fiebre negra… Ahora imaginemos que somos un super héroe. ¿Qué pasa si se nos rompe la capa? ¿Dónde se compran las botas? ¿Y un frasco lleno de super poderes? ¿Aspiradores que succionan a los malos? ¿Antifaces? ¿Y si fuéramos un robot? ¿Quién nos sustituye los tornillos? ¿Dónde nos venderán aceite especial anti chirridos?

Todas estas tiendas existen de verdad. Tienda para piratas en San Francisco, para robots en Michigan, para super héroes en Brooklyn, para viajar en el tiempo en Los Ángeles, para astronautas en Seattle, agentes secretos en Chicago…

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Como podéis imaginar son espacios increíbles. Los niños acuden como moscas y, una vez dentro, sucede lo más importante. Todas esconden un secreto: en el fondo de cada tienda, detrás de capas, antifaces y espadas, varios profesores voluntarios esperan a los niños y les invitan a sentarse y escribir historias.

Esto no es el colegio. A los niños en edad de hacerse los duros y “pasar del cole” no les avergüenza que los otros les vean allí. Porque no hay nada más “cool” que leer en una nave espacial o estudiar al lado de la máquina del tiempo.

Gracias al proyecto Valencia miles de niños han aprendido a leer y a amar la escritura. Algunos hasta han recopilado sus cuentos en libros que venden para recaudar fondos.

Valencia es la obra maestra de Eggers, la historia de la que está más orgulloso, la que a mis ojos lo vuelve un héroe creativo. En el año 2008 el proyecto ganó el Ted Prize. Aquí tenéis el discurso de agradecimiento (con subtítulos en español) donde cuenta toda esta aventura.

SHARe iT :)