Estamos en Micrópolix, una especie de mini ciudad donde los niños pueden jugar a ser adultos “trabajando” en lugares distintos, (un supermercado, un hospital, una estación de bomberos, un periódico, una biblioteca…).

Mientras mis hijas aprenden sobre un montón de profesiones yo las espero en la cafetería. Y allí sentada, observando las mesas a mi alrededor, aprendo mucho yo también. Es un curso acelerado sobre la ocupación más antigua del mundo: la de ser padres.

Micropolix Sparks & Rockets

A mi izquierda observo una familia de cinco personas. El hijo mayor, en plena fase pre adolescente, lleva tiempo cerrado en banda. Se niega a hablar, se niega a comer, se niega a colaborar. Brazos cruzados, mirada desafiante, está estropeando la experiencia a toda la familia. El padre decide cambiarse a la mesa de al lado con él. Es evidente que esta familia ha hecho un esfuerzo (de energías, económico, de tiempo…) por estar allí y el padre emplea más de 10 minutos en hacerle entender esto al hijo, con una paciencia loable y un cariño inmenso.

En la mesa de al lado otro niño está abriendo los regalos de cumpleaños de sus padres y hermanos. Entre zapatillas de deporte, camisetas y videojuegos el niño descubre una bolsa donde la madre ha escondido el regalo más especial: su primera espuma de afeitar. El chiquillo se pone rojo como un tomate. A la madre se le escapa una lágrima.

A mi derecha una pareja intenta dialogar sorteando los gritos y palmadas constantes de su hija, una niña en silla de ruedas incapaz de comunicar. Varias personas pasan y miran a la niña. La madre no deja nunca de acariciarla.

Algo más allá una madre está lidiando con una pelea ente hermanas. Quiere convencer a la mayor para que acompañe a la pequeña a una de las actividades. Finalmente, y con unas dotes de negociación que bien le valdrían un ascenso en muchas empresas, consigue convencerla.

Dos niños dejan la cafetería para ir a un taller y sus madres aprovechan para charlar. Comparten mil cosas con entusiasmo, se nota que esa conversación a solas llevaba pendiente un montón de tiempo y es fantástico verlas disfrutar.

Si estás leyendo esto y tienes hijos estoy segura de que habrás empatizado por lo menos con un par de estas escenas. Porque sea cual sea nuestro estilo de parenting hay batallas, desafíos y regalos que son comunes a todas nosotras.

Sin embargo últimamente no hacemos más que guerrear. Cesáreas, lactancias, colechos, chupetes, deberes, colegios…todo parece una excusa para juzgarnos entre nosotras, para crear etiquetas, para separar.

Una pena. Porque somos la tribu más importante, la que tiene la mayor responsabilidad.

Las madres nos equivocamos. Si, mucho. Pero elegimos siempre desde el amor más profundo y con la mejor intención. Aprendemos enseñando, entre alegrías y frustraciones. Estamos agotadas pero decidimos que podemos. Porque sabemos que vale la pena.

Motherhood Sparks & Rockets

Te propongo un desafío: desde hoy y hasta la próxima semana haz 5 regalos a otras madres. No me refiero a cosas materiales. Sonríe a esa madre que te encuentras en el súper lidiando con la rabieta de su hijo, ofrece tu sitio a la persona que resopla porque le ha tocado un bebé al lado en el avión. Haz de canguro un par de horas a tu vecina o tu cuñada. Cocina algo con cariño y llévaselo a esa compañera que acaba de volver de la maternidad y lleva meses sin dormir del tirón.

Biberones, deberes, coladas, extraescolares…¿Quién tiene tiempo para ponerse a juzgar? Nuestros hijos necesitan toda nuestra energía. Concentrémonos en ellos, dejémonos de criticas y pongámonos a trabajar.

SHARe iT :)