Ya casi no se encuentran esos carteles de ‘El cliente tiene siempre razón’. Antes los veíamos en las paredes de bares, gestorías, lavanderías y peluqueros. Todos lo colgaban porque aquella era una promesa fácil de mantener. A fin de cuentas con el cliente casi nunca se discutía. Los negocios eran los ‘de toda la vida’ y el cliente iba a ellos pretendiendo poco, fundamentalmente porque no conocía otra cosa.

Eso se acabó.

El cliente ignorante, aquel que estaba obligado a fiarse de ti porque no tenía acceso a la información que tú le dabas, ha desaparecido para siempre. Internet pone mil opciones al alcance de cualquiera y anula el concepto de ‘información exclusiva’. El resultado: clientes que reclaman, clientes exigentes.

Y aquella promesa de darles la razón se hace de repente y para siempre más compleja. Ahora todo son preguntas, comparaciones, ideas. Entran por la puerta sabiendo exactamente lo que puedes y no puedes darles. Y lo quieren ahora.

Muchos escogen alejarse de quienes reclaman. Es fácil, hoy por hoy basta defraudar una sola vez a un cliente para que te abandone por otra de las miles opciones que tiene a su disposición. Y alejarse de los clientes difíciles, creen muchos, es lo mejor para no complicarse la vida.

Sin embargo, los clientes exigentes son exactamente los que no debes evitar. Si sus peticiones son razonables, si conocen lo que haces y sobretodo si en su día prometiste que les habrías dado/hecho/entregado lo que pretenden entonces el cliente exigente no hará otra cosa más que mejorarte, una y otra vez.

Bienvenidos sean los difíciles. Alabados sean. Acomódales en el mejor sitio y deja que el cliente mediocre se vaya en busca de empresas mediocres.

Supera las pruebas a las que te somete un cliente exigente y dejará de serlo. No, no se volverá fácil de repente. Simplemente hará el paso siguiente y se convertirá en tu fan. Uno de esos que habla constantemente de ti, que se vuelve tu seguidor, que aprieta el ‘me gusta’ mil veces. Uno lleno de entusiasmo por el que vale la pena levantarse cada mañana, ponerse a la prueba y mejorar.

Vuelve a colgar el cartel. El hecho de que una promesa se vuelva difícil de mantener no nos da el derecho a romperla.

SHARe iT :)