Delante de un malabarismo como este lo que ansiamos es una imperfección. Toda esa magia que nos hace contener el aliento tiene que ver con el hecho de que algo pueda fallar. Si no existiera ese riesgo, sería aburrido.

Cada mañana tienes dos elecciones:

Puedes ser el tipo de persona impecable, que todo sabe y todo acierta, que derrocha excelencia y jamás defrauda.

O puedes ser interesante. Ese tipo que sorprende, que se adapta y destaca y que se mete perennemente en discusión.

El perfeccionista camina seguro por un sendero lineal, sin baches ni atascos. El interesante improvisa trayectos, descubre atajos y no teme quedarse sin gasolina. Sabe que si sucede alguien se parará, y conocer a ese alguien podría resultar lo mejor del viaje.

El perfeccionismo es doblemente peligroso: impide que aprendamos (porque aprendemos de nuestros errores y para eso hay que poner a la prueba nuestros límites sin miedo a equivocarnos) y nos aleja de nuestros verdaderos objetivos (porque llevan el enfoque a detalles sin importancia en vez de al aspecto global de lo que queremos conseguir).

No hay nada más limitante que el perfeccionismo. El miedo a equivocarte o a ser “una más” te impide probar cosas nuevas y, en algunos casos, descubrir talentos ocultos. Hay mil mundos fascinantes esperando un error tuyo para abrirte la puerta.

No tengas miedo a la perfección, nunca podrá alcanzarte”, solía decir Dalí. Perfecto es quien no hace nada, quien se está quieto, quien se queda callado. Nadie es así, tú tampoco. Tú eres imperfecta. ¡Enhorabuena! Disfrútalo.

Ring the bells that still can ring

Forget the perfect offering.

There is a crack in everything,

that´s how the light gets in.

Leonard Cohen

SHARe iT :)